Cuentos de augusto monterroso

El escritor guatemalteco, nacido en Honduras, Augusto Monterroso, fue un maestro del relato breve e hiperbreve. Su conocido “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, fue durante mucho tiempo el relato más breve de la historia.

Augusto Monterroso, fue un escritor guatemalteco, conocido por sus cuentos y relatos muy breves. Nacido en Tegucigalpa, Honduras, 1921, vivió en Guatemala y luego en México, donde murió en 2003. su narrativa es concisa y breve, de apariencia sencilla, poblada de referencias cultas que no se perciben a simple vista. Su manejo de la parodia y el humor negro, son magistrales.

El relato de Augusto Monterroso: “El dinosaurio”: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Es uno de los más breves de la historia, junto con el de Luis Felipe Lomelí, “El emigrante” (¿Olvida usted algo? -¡Ojalá!).

El eclipse. De Augusto Monterroso:

Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Cuentos de Augusto Monterroso

Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura. Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

Hans Christian Andersen fue un escritor danés, que incursionó en todos los géneros (poesía, teatro, narrativa, novela), pero que obtuvo la fama internacional gracias a sus cuentos infantiles, de los cuales destacan: “La sirenita” y “El patito feo”.
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